El Nudo de Carabanchel

Jesús Rodríguez.Miembro de la plataforma por un centro de la memoria y la paz en Carabanchel.

Hace ya 14 años, se aprobó en el Congreso de Diputados la ley 52/2007, de 26 de diciembre, a la que algunos subtitulan como “Ley de Memoria Histórica”. Ensalzada por algunos, criticada por muchos, lo cierto es que, después de estos pocos años, hasta los que fueron promotores de aquel texto reconozcan que es precisa la aprobación de una nueva ley, mucho más amplia, demuestra evidentemente las enormes carencias que tiene la norma actualmente en vigor.

Una de las carencias manifiestas es el absoluto vacío normativo sobre los espacios que fueron testigos de episodios históricos, lo que, en los borradores de diferentes grupos políticos, incluido el socialista, denominan Lugares de Memoria. Fue tan flagrante esa falta que cuando, en 2008, el propio gobierno socialista impulsó el derribo y arrasamiento total de uno de los lugares de Memoria más destacados del país –si no el que más-, la cárcel de Carabanchel, no se pudo esgrimir ninguno de los artículos de la ley para defender la permanencia del histórico recinto.

Esa ausencia en la norma es aún más lamentable si pensamos que se corresponde con la absoluta inexistencia física de espacios catalogados como tales. En España no existe ningún Lugar de Memoria estatal; los escasos centros existentes actualmente dependen de administraciones autonómicas o locales, o bien, se deben a loables iniciativas particulares. Y ninguno de ellos se refiere, concretamente, a la etapa de la larga dictadura sufrida.

Como decíamos, parece que, en el contenido de los diferentes borradores propuestos para elaborar el Proyecto de Ley que se presentará de forma inminente, algo va a cambiar ya que sí se contemplará la definición y protección de los Lugares de Memoria. También se establece el régimen sancionador imputable a quienes dañen o destruyan esos sitios. Nos estalla la cabeza al imaginar que, si se pudiera aplicar de forma retroactiva, el propio gobierno central debería ser multado con la máxima cuantía por la destrucción de Carabanchel.

Centrándonos en la realidad, o más bien, en el futuro, se abre una ventana de esperanza para que, en el hoy solar abandonado o en el único edificio (*) que dejaron en pie, se cree un Centro de Memoria que refleje la historia y las historias que sucedieron en Carabanchel, desde sus orígenes en 1940 hasta, al menos, el momento de creación del espacio que proponemos.

Tal como se ha publicado recientemente, hemos mantenido, hasta el momento, tres encuentros con la Secretaría de Estado de Memoria Democrática; a uno de esos encuentros, también asistieron representantes de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. Agradecemos enormemente esta vía de diálogo, abierta por primera vez y que esperamos llegue a un acuerdo que, aunque no podrá nunca restituir la gran pérdida memorial y patrimonial que supuso la demolición de Carabanchel, podría paliar algo aquel duro golpe contra la Memoria.

La oferta recibida desde el gobierno consiste en dedicar PARCIALMENTE uno de los edificios de nueva construcción –cuyo uso, inicialmente, se reservaba a la Administración del Estado-. Es decir, no contemplan, en un horizonte próximo, la clausura del Centro de Internamiento de Extranjeros que ocupa la mayor parte del antiguo edificio del Hospital Penitenciario.

Mantenemos abiertas todas las opciones en cuanto a la ubicación física del futuro centro. Lo que sí nos parece irrenunciable es que la superficie destinada al Centro de Memoria debe permitir la instalación de elementos expositivos, espacios pedagógicos y salas de encuentros suficientes en número, extensión y dignidad.

 

Con la ayuda de algunos reconocidos expertos, desde hace meses, estamos deliberando también sobre su contenido y sobre su ámbito territorial. Se han establecido contactos con aquellos centros existentes que –creemos- han conseguido, de forma admirable, crear lo que puede ser un ejemplo para el futuro de Carabanchel.

Concretamente, han participado miembros de los equipos del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (Santiago, Chile) y del Espacio de Memoria y Derechos Humanos de la ex Escuela de Mecánica de la Armada (Buenos Aires, Argentina). Contamos también con el posible asesoramiento de Sites of Conscience, coalición de espacios de Memoria que engloba a más de 300 sitios ubicados en 65 países.

Y, por supuesto, con los colectivos memorialistas, ciudadanos y sociales que, desde hace años, mantienen viva la lucha por el Centro de Memoria de Carabanchel. Su participación en el proceso de creación del centro ha de ser, igualmente, imprescindible.

En cuanto al ámbito territorial, hace tiempo que nos planteamos cuál debería ser su amplitud. El absoluto desierto memorial existente en nuestro país podría hacer inclinarnos a intentar cubrir ese vacío e impulsar la creación de un centro estatal, algo que podría tener más sentido si pensamos que nuestra propuesta no tendrá, sea cual sea su implantación, de los actuales gobiernos autonómico y municipal de Madrid.

Sin embargo, creemos que, precisamente por ese desierto memorial, se debe impulsar la creación de una red de Lugares de Memoria que cubra toda la geografía española. Resulta lamentable comprobar que, en todos los países de nuestro entorno, se multiplican espacios similares que cuentan con el decidido apoyo de todas las administraciones.

Esos espacios cumplen con un papel fundamental en cuanto al recuerdo de la historia pero, sobre todo, en cuanto a la pedagogía necesaria para evitar la repetición de hechos terribles. Por eso, es más que frecuente que, cuando visitas alguno de esos lugares, te encuentres con grupos de jóvenes que complementan el conocimiento de la historia de su país, escrito en sus libros de texto, con la experiencia personal de encontrarse con los sitios que, un día, fueron el escenario de esos hechos.

Nuestra propuesta es la creación de una red de Lugares de Memoria que abarcará desde sencillos y dignos recuerdos de acontecimientos locales hasta otros centros de dimensión y extensión equivalentes. Un conjunto que, independientemente de la administración responsable, se configure como un espacio coordinado, divulgativo y colaborativo.

En esa red, creemos que el Centro de Memoria de Carabanchel debe ceñir su discurso al territorio de la Comunidad de Madrid. Aspiramos, pues, a que Carabanchel sea un nudo –“de los gordos”- en esa más amplia red de Lugares de Memoria del Estado.

Si se consigue este objetivo, conseguiremos que, por fin, nos acerquemos a lo que debería haberse conseguido hace mucho tiempo: Comenzar a conocer nuestra Historia con NORMALIDAD DEMOCRÁTICA PLENA.

(*): El único edificio que permanece del conjunto del complejo, el antiguo hospital penitenciario, es compartido por la comisaría de policía del cercano distrito de Latina, la oficina de trámites de extranjería y, sobre todo, por el tristemente conocido Centro de Internamiento de Extranjeros “de Aluche”.